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Un museo que tiene más de 50 años y es, por su colección, uno de los más impresionantes del Perú.

Nuestra historia: es muy rica, pero también muy frágil, a pesar de su antigüedad y trascendencia desconocida.

Felizmente, a Yoshitaro Amano, el ciudadano japonés fundador del Museo Amano, los textiles Chancay que descubrió y rescató, y luego coleccionó, no se le desintegraron, al contrario, gracias a su impresionante profesionalismo y tarea de conservación todavía podemos disfrutarlo.

La historia de Amano es alucinante, pues es otro de esos personajes oceánicos sin cuya existencia el mundo no sería lo (bueno) que es. Nació a finales del siglo XIX y se instaló en el Perú después de la Segunda Guerra Mundial.

Decimos que se instaló, pues antes ya había visitado nuestro país: en 1929 fue el primer japonés en llegar a Machu Picchu.

En los 50′ y 60′ hizo fortuna en el campo de la pesca, pero, amante de la cultura como era, pronto empezó a ejercer otra de sus pasiones: la arqueología.

Así, llegó al norte chico y descubrió que allí se había desarrollado una rica cultura cuya riqueza máxima estaba en sus textiles y cerámica.

Mientras otros desdeñaban a los textiles, Amano fue recogiendo piezas y armando una valiosísima colección que hoy tiene 20 mil piezas enteras (o ‘museables’) y 20 mil fragmentos que resultan muy valiosos para arqueólogos e historiadores.

Mario Amano, su hijo y continuador de su tarea, nos cuenta la anécdota del origen del museo que, en 1961, empezó a construir su padre: “Él coleccionaba, pero también excavaba. Un día estaba metido en una zanja, excavando, y pasó el señor Graña, dueño de la vecina hacienda Huando, quien, al verlo así, tan interesado en su tarea, lo invitó a visitar una hacienda cercana donde también había ‘huacas’, le dijo: ‘Sígame’, y le mostró las miles de piezas de cerámica y textiles que tenía en su casa… y se las regaló. Así se inició este museo”.

Hasta entonces, la colección de Yoshitaro era importante, pero ahora adquiría una dimensión que le exigía rigor, investigación y profesionalización. Compró el terreno adyacente a su casa y, en 1961, empezó la construcción del espacio.

Siempre fue un espacio privado,  en 2008 entró en crisis económica, en 2010 se quedaron sin fondos y, en 2013, la familia Amano tuvo que vender la casa de Yoshitaro, gracias al apoyo de Sumitomo Mining, de la Embajada de Japón, de la familia Amano, del arqueólogo Bruno Alva y sus investigadores, el Museo Amano se está renovando: se llamará Museo Textil Precolombino y su nueva museografía exige que esté cerrado y solo reciba algunas visitas, pero en mayo deberá estrenar sus renovadas salas.

Visitar el lugar es una obligación: alberga la colección de textiles más importante del país y, sobre todo, le ayudará a hilar nuestro impresionante pasado.

El Museo Amano se empezó a construir en 1961. Lo visitó, cuando era príncipe, el emperador Akihito. Tan impresionado quedó que se organizó, en 1964, una exposición con la colección. En Japón se produjo, entonces, lo que se dio en llamar el ‘Inca Boom’,  los objetos exhibidos fueron en su mayoría, chancay y moche.

Yoshitaro Amano murió en 1982. Hoy regenta el espacio su hijo Mario.

MUSEO AMANO
Lugar: Calle Retiro 160, Miraflores. Informes: 441-2909 y 442-1007. Solo se admiten visitas privadas. Consultas: museo@fundacionmuseoamano.org.pe.

Ref: Gonzalo Pajares;  gpajares@peru21.com